El pasado día 4 de julio el alcalde de
, Ángel Calle, recibió a una representación del comité de empresa, formada por el presidente del comité Luis Hidalgo y el vocal Valentín Mateos. Ante la descripción de la situación laboral que los compañeros expusieron al alcalde, éste mostró su complicidad y solidaridad con los trabajadores del Consorcio, así como con sus representantes, comprometiéndose a hacer todo lo que esté en su mano para solucionar el alto nivel de insatisfacción que existe en la plantilla de trabajadores del Consorcio, motivado por las numerosas y poco afortunadas decisiones adoptadas por la actual Dirección en los últimos años.
Ojalá haya valido la pena.
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Carta de CCOO al alcalde de Mérida
Aprovechando esta entrevista con Ángel Calle, quisimos los representantes de CCOO trasladar al alcalde nuestra preocupación remitiéndole la siguiente carta:
Mérida, 7 de julio de 2008
La representación mayoritaria de los trabajadores del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, constituida por los miembros de CC.OO. en el Comité de Empresa de dicha entidad pública, quiere trasladar al Sr. D. Ángel Calle Grajera, Alcalde de la Ciudad de Mérida y Vicepresidente de la Comisión Ejecutiva y del Consejo Rector del Consorcio de la Ciudad Monumental de Mérida, los siguientes hechos:
1º En el Consorcio, a todos los niveles, el sistema funciona de una forma sencilla: los que están con la actual Dirección se benefician de su patronazgo; los que adulan al jefe ídem de ídem; y los que solamente trabajan, cada vez están más quemados viendo cómo funciona y crece “el cortijo”. Las contrataciones directas (a dedo) de trabajadores, así como de empresas y profesionales, es el pan nuestro de cada día, la externalización (o privatización) de servicios propios como los de taquillas, vigilancia y limpieza de monumentos son la opción elegida para supuestamente ahorrar en personal, ignorando con todo ello la calidad en la prestación de los servicios y la objetividad y trasparencia en todos los actos con terceros emanados de una entidad pública como es el Consorcio.
2º La Dirección ignora soberanamente la opinión de gran parte de la plantilla de los trabajadores, despreciando casi todas las propuestas y los informes de sus representantes, postergando a su antojo reuniones, recortando información, etc. Pero si solo fuera este el problema, sería más o menos asumible; el problema es de mayor calado.
3º Estamos convencidos de que una de las funciones del Consorcio es la conservación y puesta en valor de los restos arqueológicos, pero en nuestro caso ese objetivo primordial se convierte en una excusa: anteponiéndose a esas necesidades reales los intereses políticos, personales o curriculares de nuestros responsables. Se destinan ingentes recursos y cientos de horas de personal (arqueólogos, oficiales, peones, dibujantes, restaurador, etc.) a la tarjeta Mecenas y a otros proyectos con un afán inaugurador que recuerda a tiempos que creíamos superados. Un espejismo más para los emeritenses, que siguen soportando cómo yacimientos emblemáticos y únicos, como la Casa del Anfiteatro, Morería ola Huerta de Otero, se van deteriorando alarmantemente.
4º Además, afecta a los empresarios y propietarios que quieren construir en la ciudad, porque el Consorcio de Mérida se aleja cada vez más de su filosofía de “servicio público” al cobrar mayor protagonismo (si no casi totalmente) la idea de empresa privada ávida de beneficios. Ahora se les cobra por servicios que antes se daban gratis y que liberaban a promotores y pequeños propietarios de la enorme carga económica que significa una excavación arqueológica.
5º Y no menos afecta a los propios trabajadores del Consorcio, pues del superávit contable de los últimos años se ha invertido más bien poco en mejorar sus condiciones laborales. Para muestra un botón: en seguridad y salud, hágase una idea, los romanos disponían de poleas más avanzadas que las nuestras en las obras de excavación.
Parafraseando al escritor y periodista Javier Ortiz, cuando un cargo público lleva ya bastantes años sentado en su poltrona, lo suyo tiende a dejar de ser un gobierno para convertirse en un régimen; establece unas redes de influencias, una trama de chanchullos, todo un sistema de complicidades que acaba por solidificarse y adquirir carta de naturaleza.